A LA MAÑANA siguiente, Joe observó cómo Demi bajaba las escaleras vestida
de novia. Al llegar a los últimos escalones, ésta miró a Joe de manera desafiante.
—Estás muy bonita —le dijo Joe,
dirigiéndole una mirada irónica—. ¿Vas a algún sitio especial?
—No, simplemente me sentía con ganas de arreglarme —contestó
ella con igual ironía.
Joe pensó que estaba totalmente sensacional, justo como debería
ir una novia de verdad, y se preguntó por qué se habría arreglado así.
Media hora después, Demi estaba
de pie junto a Joe mientras la ceremonia se
celebraba.
—Puede besar a la novia.
Joe se volvió hacía ella, que estaba hecha un manojo de nervios,
y le levantó el velo.
—No creo... —el susurro de Demi
se cortó cuando Joe acercó su boca a la
suya.
Ella hizo todo lo posible para no responder a aquel beso,
pero le fue difícil, por no decir imposible, ignorar la calidez de los labios
de Joe.
Una vez hubo dejado de besarla, Demi
pensó que, para bien o para mal, ya estaba casada con Joe Jonas.
Después de la ceremonia, sólo hubo
una pequeña comida con algunos de los colegas de Joe,
tras la cual Nina se cambió de ropa, poniéndose uno de los conjuntos de su
hermana: un vestido de seda.
Mirándose en el espejo, se pasó la lengua por los labios. No
podía dejar de pensar en aquel beso y en cómo sería sentir la lengua de Joe tratando de encontrar la suya.
Cuando terminó de arreglarse se dirigió al coche de Joe, donde ya estaba Georgia.
Él condujo hasta su casa de Mosman, sin pronunciar palabra
durante el trayecto.
—Le he dado a Lucía el resto del día libre —dijo él, por fin,
cuando llegaron a la casa—. Hay comida preparada.
—Creo que Georgia necesita que le cambie los pañales y que le
dé de comer —dijo Demi, inquieta ante la
idea de estar con él, en aquella casa, con la única compañía de Georgia.
—Tengo que hacer un par de llamadas —dijo Joe —. Dime si necesitas que te eche una mano en
algo. Estaré en mi estudio.
Un rato después, mientras Demi estaba
todavía dando de comer a su sobrina, Joe entró
en la cocina. Se había cambiado de ropa y estaba irresistible.
— ¿Quieres que continúe yo para que así te puedas cambiar de
ropa antes de cenar? —ofreció Joe.
—No, ya casi hemos acabado —dijo Demi
—. De todas maneras, no creo que quiera más.
—Parece cansada —observó Joe
mientras Georgia se frotaba los ojos.
—Sí —dijo Demi bajando la
miraba para evitar la de Joe.
— Demi...
—Si no te importa, creo que no voy a cenar —dijo Demi.
Joe le tomó la mano y no tuvo más remedio que mirarlo.
—Aunque decidas no comer, tengo cosas que hablar contigo —dijo
Joe.
¿Q... qué clase de cosas?
—Normas que hay que establecer, esa clase de cosas.
No quiero que haya malentendidos —aclaró Joe.
—No sé qué quieres decir con eso. — ¿No lo sabes?
—No.
—El vivir en la misma casa va a significar que, como es
normal, tengamos un cierto grado de intimidad. No querría que te llevaras una
impresión equivocada. — ¿Exactamente a quién le estás recordando los términos
de nuestro acuerdo, a ti o a mí? —preguntó Demi con
sarcasmo.
—Por lo que me dijo mi hermano, parece ser que tú no siempre
respetas las reglas del juego. Sería bueno que las recordaras —contestó Joe, tratando de serenarse.
—Pues hablando de romper las reglas, creo que tu beso fue un
poco inapropiado para la ceremonia —dijo resueltamente Demi.
—Habrá ocasiones en que tengamos que guardar las apariencias.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó Demi.
—A veces, tendremos que actuar, y tú, como mi mujer, tendrás
que comportarte de un determinado modo respecto a mí.
— ¿Quieres decir que te tendré que adular? — Demi lo miró indignada.
—Yo no lo diría exactamente así.
— ¿Cómo lo dirías?
—Todo lo que pido es que muestres un poco de madurez cuando
estemos con más gente.
—Haré lo que pueda, pero no te prometo nada —dijo Demi.
—Bien, mientras que los dos sepamos a qué atenernos.
Después de decir eso, Joe
se marchó y Demi observó a su sobrina, que
la miraba con sus brillantes ojos oscuros.
—Hombres —dijo tomando a la niña en sus brazos—. ¿Quién los
entiende? Tal vez debería intentarlo —pensó mientras abrazaba a Georgia—. Parece
que a ti te funciona. Tú sólo tienes que mirarlo y se derrite.
Una vez que Georgia se hubo dormido, Demi
se dio una ducha. Se puso uno de sus cómodos chándales y se arregló el
pelo en una coleta.
Cuando se disponía a bajar a la planta baja de la casa, Joe salió del salón y se quedó mirándola desde la
puerta.
— ¿Te has vestido para la tarde? —comentó Joe irónicamente.
—Una se cansa de la alta costura —dijo Demi, forzando un bostezo de aburrimiento—. Aparte
de que todo ese material tan caro acaba con mi energía.
—Parece que tienes quince años.
— ¿Quieres que me cambie? —preguntó Demi,
mirándolo a los ojos.
—No —dijo Joe, apartándose
para permitirle el paso al salón, donde Demi decidió
entrar—. Estás bien. De hecho muy bien.
—Gracias —dijo ella, tratando de disimular cómo le había
afectado aquel halago.
— ¿Quieres algo de beber? —le preguntó Joe.
—Algo ligero —respondió Demi.
— ¿Sin alcohol?
—Yo no bebo bebidas con alcohol.
—Una bebedora rehabilitada —dijo Joe
al darle un vaso de agua mineral—. Digno de elogio.
Demi deseaba tener la valentía de tirarle el vaso de agua a la
cara, pero sabía que aunque aquellos comentarios eran desagradables, estaban
probablemente justificados por la actitud de su hermana durante los últimos
meses.
—Hay muchas cosas que he cambiado en mi vida últimamente —dijo
Demi.
—Me atrevo a pensar que la muerte de André ha debido tener un
gran impacto en ti para que cambies tanto.

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ResponderEliminarUn gran beso.
RBC.